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“AH, VOI DORMISTE, AVRO DUNQUE SOGNATO...”

Para Sigmund Freud (Freiberg 1856- Londres 1939) los sueños constituyen el nexo de unión entre el subconsciente humano y el mundo real. Dentro de ellos podemos ver reflejados nuestros deseos más íntimos y también sufrir los tormentos de los fantasmas y monstruos de nuestro subconsciente alimentados, quizá, por experiencias ajenas a nuestro cerebro de otras existencias pasadas, grabadas en la parte más íntima y recóndita de nuestro Yo.

Rigoletto es un ser profundamente contradictorio, acomplejado por sus múltiples taras físicas y psicológicas que lucha a caballo entre su necesidad de reafirmación personal y social a través de la crueldad, el desprecio e incluso el asesinato y, por otra parte con su instinto paternal y sentimientos de amor filial puro. Su inseguridad en las relaciones sociales hace que Rigoletto desee reforzar su propio Yo a través de la coacción, la crueldad y el sometimiento por la fuerza. De esta manera, y a través del mudo onírico del bufón de Vícto Hugo y Piave, se constituye la base de esta propuesta de la historia escrita por Victor Hugo en 1.837, Le roi se amuse (El Rey se divierte”) que hoy se presenta en el Teatro Jovellanos. Rigoletto ha de luchar contra todos los monstruos de su imaginación y de los sueños que nacen de la profunda pugna entre su deseo de afirmación personal y de su instinto paternal

La peculiar estética del movimiento surrealista está íntimamente entroncada en el mundo de los sueños, como ya pudo contemplarse en la magistral colaboración entre dos genios de su época, Salvador Dalí y Alfred Hitchcock plasmada en la película Spellbound (Recuerda) de 1.945.


El libreto de Piave tuvo que sufrir en un primer momento la tijera de la censura, por resultar, como les gusta decir hoy a muchos políticos e intelectuales, “políticamente incorrecto”. En efecto resultaba incómodo para el poder político establecido el hecho de que todo un Rey con cetro y corona se pasease encima de un escenario en una actitud tan libertina y mostrando profundo desprecio por sus súbditos, debiendo trasladar la trama argumental al ducado de Mantua y sustituir al Soberano por un duque.

En cuanto al magistral planteamiento musical que desarrolla Giuseppe Verdi en la partitura, se construye por primera vez de manera clara y rotunda la figura del primer gran barítono verdiano con sus profundas contradicciones internas, que el maestro de Roncole sabe plasmar como ningún otro compositor en todo el Siglo XIX, aunando, como más tarde haría con Germont en “La traviata” o Simon Boccanegra la figura del juez tremendo e implacable con sus enemigos y la ternura de los sentimientos filiales. Rigoletto es el primero de los grandes barítonos a los que la pluma del compositor daría vida teatral en un arco temporal de casi medio siglo y que culminan con Jago (Otello, estrenada en 1.877) y con el gordinflón de Falstaff (1.893).

Con Rigoletto (1851), como primer título de la famosa trilogía verdiana (con Il trovatore y La traviata) da comienzo la leyenda de la gran figura del teatro musical italiano del Siglo XIX en una ingente labor productiva que culminará escénicamente a finales en 1893 con el citado Falstaff, cerrándose definitivamente con la muerte del maestro en Milan el 27 de febrero de 1.901.


Carlos Velicias