HISTORIA ARTISTAS GALERÍA ESPECTÁCULOS NUEVOS PROYECTOS
ESTO ES ZARZUELA ELEMENTOS ESTABLES CONTRATACIÓN

 

 




DIRECTORES DE ORQUESTA
w Oliver Díaz
w José Luis Eguíluz

DIRECTORES DE ESCENA
w Fedrico Figueroa
w Francisco Matilla

SOPRANOS
w Svetla Krasteva
w
Pilar Moro
w Guadalupe Sánchez
w Teresa Castal

TENORES
w José Sempere
w Juan Lomba
w Ricardo Muñiz

BARÍTONOS
w Luis Cansino
w Salvador Baladez

BAJOS
w Javier Roldán
w Martin Tzonev

DIRECTOR DE CORO
w Miguel Periáñez
w Juan Pablo de Juan

 

 


José Sempere (tenor)

José Sempere

El tenor José Sempere es natural de Crevillente (Alicante). Pertenece a la generación de transición entre ese puñado de artistas españoles gloriosos que figuran, por derecho propio, en los anales de la historia del canto, y los jóvenes valores. Comenzó a estudiar música en Elche, Manuel Pérez, pasando luego al Conservatorio del Liceo de Barcelona. Escuchado por Juan Antonio Pamias y Lluís Andreu, a la sazón directores del Liceo de Barcelona, y, posteriormente, por el director de orquesta Jesús López Cobos, recibió el consejo de acudir a Italia a completar su formación. Allí estudió con el maestro Franco Ferraris y participó en clases magistrales impartidas por tan singulares maestros como son Giulietta Simionato, Magda Olivero y Carlo Bergonzi, entre otros. Todo ello, unido a sus propios méritos, le abonó el terreno a la hora de ganar el Concurso de Voces Verdianas de Busseto o el Mario del Monaco de Florencia o el del mejor cantante español, de la Diputación de Barcelona, así como el Francisco Viñas de Barcelona, en el que obtuvo un tercer premio en la edición correspondiente a 1985.

A partir de entonces, el alicantino se puso a cantar en toda Europa. Su debut tuvo lugar en 1986 en el Teatro Regio de Parma, con el Falstaff de Antonio Salieri y, a continuación, Rigoletto de Verdi. Estocolmo, Copenhage, Oslo - donde cantó varias funciones de Bohème, Lucia di Lammermoor o el Réquiem de Verdi -, o Göteburg, donde actuó al aire libre ante unas catorce mil personas, fueron los principales escenarios de sus momentos iniciales. En 1990 debutó en la Arena de Verona, en cuya ocasión se rendía homenaje al gran tenor Beniamino Gigli en el centenario de su nacimiento con la reunión de quince tenores, entre los cuales Sempere recibió una de las mayores salvas de aplausos tras cantar el aria de Una vergine..., de La favorita de Donizetti, y a la que regresaría en 1991 para cantar Rigoletto, recibienda en esta ocasión el Premio de la Crítica como revelación lírica del momento.

1990 fue el año de su importante presentación en el Teatro Pérez Galdós de Las Palmas, en La hija del regimiento, con Patricia Wise. Los lazos afectivos que le unen desde entonces a este teatro se materializan en dos importantes funciones de Puritanos, de Bellini (con Sumi Jo), en 1991, y otras tantas de Fausto, de Gounod, en 1993. Con el tiempo, su repertorio fue ampliándose, apuntando a los más diversos frentes, con Lucia, Poliuto, Ballo o La Vida Breve. El 18 de febrero de 1991 se presentó en La Scala de Milán, en una velada operística dirigida por Vincenzo Scalera, junto a la soprano Tiziana Fabbricini. El 6 de febrero de 1992 debutó en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, entonces sede de las temporadas de ópera de la capital de España, con Sancha de Castilla de Donizetti, siendo su compañera de reparto Montserrat Caballé; más tarde regresaría para cantar Lucia di Lammermoor con Mariella Devia. En 1993 se presentó en el papel protagonista en Poliuto, también de Donizetti, en Bérgamo, la ciudad natal del compositor; el director fue Gianandrea Gavazzeni, destinado a influir beneficiosamente en la formación estilística del tenor alicantino, quien apunta ya, sin demasiados titubeos hacia algunos de los más importantes coliseos y festivales de Europa: Covent Garden de Londres (1991), donde encarnó al Duca de Rigoletto; el Festival de St. Éttiene (1992), donde fue el Conde de Blois en Esclarmonde de Massenet, (y, también con Gavazzeni, en el Teatro Politeama de Palermo), el Teatro San Carlo de Nápoles (1992) como Ernesto en Don Pasquale; las significativas veladas veraniegas de Rávena, en el festival de Riccardo Muti (1993), fue Masaniello en La muere de Portici, de Auber, bajo la batuta de Fournillier; la Opera de Roma, donde cantó Rigoletto en la temporada 1993-94 (con Nucci y Anderson); o la Staatsoper de Viena (1995) encarnando a Lord Arturo en Puritanos, con Edita Gruberova. Su actividad le ha llevado a lugares tan lejanos como Tokyo u Osaka donde canta con los conjuntos de La Scala Traviata, Bohème y Rigoletto. Una carrera, pues, de magnífico vuelo que continúa en la actualidad con actuaciones recientes como Puritanos en el San Carlos de Lisboa (con Gruberova, Coni y Surjan), en 1996; Cuento de Hoffmann, en La Coruña, y Manon, de Massenet, en Bilbao, en 1997 y, de nuevo, Puritanos en la Staatsoper vienesa en 1998, con Victoria Loukianetez y Carlos Alvarez.

Acaba de cosechar gran éxito en sus actuaciones en Traviata, La fille du regiment, en Santander, y la Misa de Gloria de Rossini, en Valencia.. Sus próximas apariciones serán en Viena (Guillermo Tell, Puritanos y Cuentos de Hoffmann), Berlín (Lucia de Lammermoor), Portland, Oregon (Bohème), Rio de Janeiro (Rigoletto), Barcelona (Beatrice di Tenda, Puritanos)

Como indica su variado repertorio, en el caso de José Sempere nos encontramos ante un tenor lírico ancho, de voz clara y brillante, nunca engolada, que, a partir de un magnífico enmascaramiento y proyección de la misma - algo hoy inusual -, apunta hacia diversas direcciones, y lo hace con plena garantía, abarcando desde papeles tradicionalmente encomendados a los lírico ligeros, como Puritanos o La muerte de Portici (pese a que su cavatina la cantase en su día el camaleónico Leo Slezak), que lindan incluso con la tradición del tenor contraltino (con exponentes decimonónicos como Rubini o Anton Haitzinger), hasta otros roles como Des Grieux de Manon o Roland de Esclarmonde, que encarnan cabalmente la figura del tenor lyrique français, y requieren armamento de lírico con cuerpo dada, en muchos momentos, la voluminosa intervención orquestral. Ello por no hablar ya de partes pertenecientes a una categoría heroico-romántica, como el Poliuto donnizetiano o de creaciones verdianas de madurez, como el Riccardo de Un ballo in maschera, que han cantado tenores de la clase de Pertile, Masini (rara vez), Tucker o Björling, tenor este último al que Sempere admira especialmente. Algo parecido, pues, salvando todas las distancias que se quiera, es el caso de Giacomo Lauri-Volpi, otro de sus admirados, quien, a no dudarlo, recuperó en tiempos de singular encrucijada un tipo de tradición vocal precarusiana.

Sus últimos CDs, dedicados a arias de ópera (Il Do di Petto) y a romanzas de zarzuela (La Gran Zarzuela), muestran algunas de sus especialidades, a la vez que sirven como testimonio de un crecimiento y evidencia de una larga andadura.

A Sempere, menos aún que a otros, nadie le ha regalado nada. Ha hecho su camino un poco en solitario, puliendo aristas, como suele decirse, abrillantando superficies, cepillando las máculas de polvo, para convertirse en el cantante que es. Algunas de las difíciles arias que contiene el CD operístico son singulares, como singular es que estén todas reunidas en una misma grabación; el ataque del sonido es siempre puro, límpido y, aunque parezca paradójico, la franqueza y espontaneidad que instantáneamente transmite son consecuencia del impecable enmascaramiento de las notas, de la posición alta a la que apunta, lo que no puede dejar de recordarnos que Sempere continúa la tradición de los grandes cantantes hispanos de antaño.

Recientemente ha protagonizado el difícil papel de Arnoldo de la ópera Guglielmo Tell, de G. Rossini en el Teatro de la Opera de Roma, revalidando su éxito en la Staatsöpern de Viena al lado del barítono norteamericano Thomas Hampson. Entre sus próximos compromisos figuran I Puritani en la Scala de Milán.